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Bienvenidos a la página de la HOAC de Ciudad Real
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Comunicado de las XVII Jornadas de Pastoral Obrera |
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Escrito por Francisco Javier Casero
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Lunes 14 de Noviembre de 2011 15:59 |
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Comunicado de las XVII Jornadas de Pastoral Obrera
Organizadas por el Departamento de Pastoral Obrera de la CEAS, de la Conferencia Episcopal, han tenido lugar en Ávila, los días 12 y 13 de noviembre de 2011, las XVII Jornadas Generales de Pastoral Obrera, con participación de ochenta miembros de las Delegaciones y Secretariados Diocesanos de 30 diócesis españolas, y de los Movimientos Apostólicos Obreros, presididos por Mons. Antonio Algora Hernando, Obispo de Ciudad Real y responsable de Pastoral Obrera, de la CEAS, y con la asistencia de Mons. Jesús García Burillo, Obispo de Ávila.

Nos convoca, en este treinta aniversario de la publicación de Laborem Exercens, y en el 50 aniversario de Mater et Magistra, la candente situación de desempleo que afecta en nuestro país a cinco millones de personas, y a sus familias, en un contexto de crisis globalizada, producida por una economía deshumanizadora que ha olvidado su función de estar al servicio de las personas.
Ayudados por la reflexión de Juan Torres López e Ildefonso Camacho Lara, y después de dialogar con representantes de diversas organizaciones sindicales, cuyo papel queremos valorar y reconocer acogiendo lo que dijera Laborem Exercens (n. 20), así como de tantos militantes cristianos que en ellas realizan su compromiso apostólico para hacer posibles estructuras de solidaridad y justicia en nuestro mundo, hemos compartido experiencias de acompañamiento pastoral del mundo obrero y del trabajo que se van realizando en distintas diócesis, y hemos querido reflexionar y respondernos a la pregunta: ¿qué podemos y debemos aportar los cristianos como Iglesia presente en el mundo del trabajo?
La respuesta la ha dado el Papa Benedicto XVI en su reciente viaje pastoral a Alemania "la Iglesia debe abrirse una y otra vez a las preocupaciones del mundo y dedicarse a ellas sin reservas". Esto significa testimoniar, según el Evangelio, con palabras y obras, aquí y ahora, el señorío del amor de Dios... Vivamos como individuos y como comunidad de la Iglesia la sencillez de un gran amor que, en el mundo, es al mismo tiempo lo más fácil y lo más difícil, porque exige nada más y nada menos que el darse a sí mismo. (Discurso en el Encuentro con católicos comprometidos en la Iglesia y en la sociedad en el Konzerthaus de Friburgo de Brisgovia (25 de septiembre de 2011)
Vivimos en un mundo afónico y atónito ante la involución de derechos perpetrada en aras de una salida de la crisis que no se ve por ningún lado, y cuando parece que la única salida pasa por recortar (en puestos de trabajo, en derechos sociales, sindicales, salariales...) sin que nadie se atreva a denunciar cómo se ha llegado hasta aquí y quienes son los responsables. Parece que detrás no hay personas ni vidas truncadas. Y peor, parece que todo nos resulta ajeno. El gran riesgo de este mundo nuestro es volverse sordo e indiferente ante el sufrimiento de los pobres.
El paro y la precariedad son, hoy, un ataque sin precedentes a la dignidad de las personas. La situación económica convierte a las personas en mercancías. La falta de trabajo y la precariedad del mismo atentan contra la dignidad del hombre, creando no sólo situaciones de injusticia y de pobreza, que frecuentemente degeneran en desesperación, criminalidad y violencia, sino también crisis de identidad en las personas. Es urgente, pues, que surjan por doquier medidas eficaces, planteamientos serios y atinados, así como una voluntad inquebrantable y franca que lleve a encontrar caminos para que todos tengan acceso a un trabajo digno, estable y bien remunerado, mediante el cual se santifiquen y participen activamente en el desarrollo de la sociedad. Benedicto XVI (Mensaje al II CONGRESO NACIONAL DE LA FAMILIA EN EL ECUADOR 9-12 NOVIEMBRE 2011)
Por eso, en esta situación, como Iglesia nos sentimos llamados a seguir denunciando los mecanismos perversos de esta economía que impiden que esté al servicio de las personas y su dignidad. Especialmente debemos rechazar la deshumanización que lleva consigo la situación de desempleo que afecta a tantísimas personas y sus familias. Nos sentimos llamados a testimoniar con nuestras personas y comunidades la vida que por Jesucristo nos lleva a poner de manifiesto que otra economía, otra política, otro mundo es posible, siempre que pongamos en el centro de la vida las necesidades de los más pobres.
Ávila, 13 de noviembre de 2011
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Última actualización el Lunes 14 de Noviembre de 2011 16:08 |
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Guillermo Rovirosa y el fenerismo |
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Escrito por Francisco Javier Casero
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Miércoles 09 de Noviembre de 2011 16:09 |
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En 1962 Guillermo Rovirosa, promotor de militantes obreros cristianos y fundador de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), publicó un ensayo titulado “El fenerismo (o contra el interés)” preocupado por el sometimiento de las personas al sistema fenerista (fenerismo, del latín fenus: ganancia, lucro, interés del dinero prestado).
Más allá de considerar las componentes del interés del dinero (el precio al que se cruzan la cantidad de dinero en circulación y las necesidades de dinero de los distintos agentes económicos, el riesgo que corre el prestamista hasta su devolución por el prestatario,..) a Guillermo Rovirosa le sublevaba ante todo que cualquier persona no pudiese ser propietaria, de forma inmediata, de los bienes básicos (incluida la vivienda) necesarios para disfrutar de una vida digna, y tuviese que endeudarse a intereses abusivos para disponer de ellos ahora sin tener que esperar a acumular el ahorro suficiente.
Denunciaba así la hipocresía del capitalismo, que presuntamente defiende y propugna la propiedad privada. Para Rovirosa, el sistema realmente vigente es el fenerismo, que implica la propiedad en manos de unos pocos que prestan a la inmensa mayoría restante de las personas. Por tanto, el fenerismo es la negación y la corrupción del derecho de propiedad.

Si este estado de cosas, tan asumido por la población de entonces y de ahora, a Guillermo Rovirosa le irritaba por su inmoralidad, resulta inimaginable su indignación de haber vivido el momento actual de la historia, en que los desahucios están cada vez más generalizados y la práctica totalidad de los pueblos del planeta ya sufren las servidumbres y la carestía provocadas por la devolución de una deuda injusta que ellos no han generado, sino sus gobernantes, por acción u omisión, a instancia de las grandes instituciones financieras públicas o privadas.
El caso más reciente de la larga lista de pueblos empobrecidos por la deuda es Grecia. Después de todos los sufrimientos de nuestros hermanos griegos y de los que pretenden infligirle todavía a pesar de haber devuelto con creces el dinero recibido en préstamo a intereses de usura, intereses que son los que impiden que se pueda considerar saldada la deuda, los bancos acreedores han aceptado una quita de la mitad de la deuda.
El término “quita” parece más neutro, porque llamar al hecho “perdón” o “condonación” habría conseguido indignar aún más al pueblo griego y a los millones de ciudadanos que cada vez somos menos ignorantes porque vamos conociendo que buena parte de la deuda griega es fruto de la corrupción, o que los países de la periferia europea –incluida Grecia- han pagado cuatro veces más interés por los préstamos que Alemania o Estados Unidos, lo que en el caso de Grecia significa que sólo los intereses abonados en 20 años importan el 200% de la deuda actual (*).
Cabe preguntarnos: ¿por qué razón un deudor que ha devuelto íntegramente el importe de su deuda, como es el caso de Grecia, debe seguir pagando, si por muy alto que fuese el tipo de interés, y por tanto el riesgo de su devolución, ha conseguido resarcir el principal de su deuda? ¿Por qué una familia desahuciada en España sigue manteniendo una deuda con el banco con el que contrató su hipoteca al valor de la vivienda que el banco aceptó, a pesar de haber pagado incluso intereses? ¿Dónde está ahora el problema, en el prestatario o en el prestamista? En el afán insaciable de lucro del prestamista, por supuesto.
Alguien dirá: “Bueno, pero es legítimo que los bancos que prestan dinero cobren un interés, aunque solo sea porque el dinero que prestaron no pierda su valor por causa de la inflación.”
Y aquí vuelve de nuevo Guillermo Rovirosa, con su sentido común y su clarividencia a la vez. Él hablaba del caso de la “peseta de Nerón”. Planteó que Nerón hubiera depositado en un banco de Roma una peseta, dejándola en herencia de un servidor suyo con la condición de que sus herederos no tocaran este capital con sus intereses durante mil novecientos años, a un interés efectivo de un 3%. Se trataba de calcular a cuánto ascendería actualmente el capital acumulado por la peseta de Nerón, sin más que meterla en la “cajita mágica” del fenerismo y sin desplegar otra actividad que la de no tocarla. El resultado fueron alrededor de 2,5 cuatrillones de pesetas, que significa que todos los valores rentables de este planeta ya estarían acaparados por dicha peseta y podría haber ampliado fronteras a otros mundos de nuestro universo. En conclusion, toda la humanidad terrestre y extraterrestre estaría dividida en dos sectores: los administradores de la peseta y los servidores de la peseta.
En realidad, esto no ha sucedido gracias a la inflación, a la pérdida de poder adquisitivo de las monedas a lo largo del tiempo, tan temida en tiempos de bajos tipos de interés por nuestras instituciones monetarias europeas, al pleno servicio de los bancos. En efecto, en Estados Unidos y Gran Bretaña los bancos centrales han adquirido deuda pública y privada por importe de entre el 12 y el 20% de sus productos interiores brutos, mientras que el Banco Central Europeo solamente lo ha hecho en un 2%. ¿Por qué, aun teniendo el euro un tipo de cambio tan favorable respecto al dolar? Porque los primeros interesados en controlar la inflación son los bancos, para no perder beneficios respecto a los, en principio, bajos tipos de interés de partida (ya se encargan ellos luego de manejarlos en función de sus presuntos riesgos). Si se inyectase dinero a la economía productiva (sólo a través de una banca pública que no se dedique a la especulación) puede ser que se aumentase la inflación, pero un aumento de la producción, animado por la nueva demanda que el nuevo empleo generaría, podría mantenerla en niveles nada gravosos para las economías domésticas y de las pequeñas y medianas empresas.
Mientras tanto, y con la excusa de la enésima recapitalización de los bancos para sanear sus cuentas de activos tóxicos irreales, fruto de la especulación, los bancos siguen sin dar crédito, y menos barato, a la economía productiva y siguen especulando con nuestros cada vez más escasos ahorros, porque nadie les ha prohibido que continúen con las prácticas que nos han llevado a esta crisis y nadie se pone de acuerdo en establecer al menos una tasa por las transacciones financieras especulativas a corto plazo.
Guillermo Rovirosa se encuentra en proceso de beatificación desde hace una década, entre otros muchos gestos de su vida por su sensibilidad económica al servicio de los trabajadores. La misma Iglesia Católica que le encomendó el apostolado en el seno del mundo obrero del que tan alejada estaba históricamente por su cercanía a los distintos regimenes conservadores tardará posiblemente algunas décadas más en reconocerle como profeta de nuestro tiempo, pero lo que es cierto es que la crisis actual ya la vaticinó él a su modo, y avisó con tiempo. Como en su momento histórico su repercusión no pudo ser mayoritaria, sirva este pequeño recuerdo para mantener viva su contribución.
Angel Aguas Nuevo (Ciudad Real 31/10/11)
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Última actualización el Miércoles 09 de Noviembre de 2011 16:54 |
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Manifiesto de la JoC y HoAc |
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Escrito por Francisco Javier Casero
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Jueves 09 de Junio de 2011 19:44 |
Manifiesto de la JOC y la HOAC de Madrid ante el movimiento del 15M
La Juventud Obrera Cristiana (JOC) y la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Madrid se alegran y apoyan todo lo sucedido desde el domingo 15 de mayo en la Puerta del Sol, tanto de la manifestación de ese día como de la Acampada de protesta que todavía hoy se mantiene.
A lo largo de los últimos años en numerosas ocasiones y de múltiples formas la HOAC y la JOC en general y las de Madrid en particular hemos venido manifestando nuestra indignación ante el recrudecimiento de la crisis económica y de valores que cada vez más va dejando víctimas sin protección en el camino.

Coincidimos desde nuestra identidad cristiana en la que se apoya la opción por estos valores, con los análisis que desde la Acampada de Sol se vienen realizando en los que se pone el énfasis en la culpabilidad intrínseca del sistema económico capitalista como generador de la situación en que nos encontramos. Es por ello que apostamos por el retorno a valores en los que la primacía de la persona y su dignidad tomen lugar. Para nosotros, Jesucristo y el Reino de Dios que predica y vive nos ayudan a construir la vida y la realidad social desde otra normalidad, radicalmente opuesta a la que este sistema propone.
Son muchos los militantes de la JOC y de la HOAC de Madrid que, de una u otra manera, a través de las organizaciones donde militan o de forma individualizada han participado y lo siguen haciendo en la movilización que ha traído consigo la acampada de Sol.
Ahora apostamos por la continuidad y extensión de la movilización del 15 M y seguimos participando, cada uno en la medida de sus posibilidades en este hecho que queremos que signifique un cambio de tendencia en la concienciación de jóvenes y mayores de nuestra sociedad.
Seguimos indignados con la situación, pero alegres de la reacción.
HOAC y JOC DE MADRID
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Última actualización el Jueves 09 de Junio de 2011 19:59 |
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Escrito por Francisco Javier Casero
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Jueves 26 de Mayo de 2011 14:54 |
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EL COMPROMISO ES HUMANO
El compromiso es la acción personal o colectiva para pasar de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas. Se trata de un movimiento permanente, sin pararse nunca en ninguna etapa, pues siempre hay puertas por abrir y nuevas metas por alcanzar. El compromiso no es por unas horas, o cuando no hay otra cosa que hacer para ocupar el tiempo libre. Quien se compromete lo hace por entero, por completo y de corazón.
El compromiso se tiene por coherencia personal, por fidelidad a uno mismo. El compromiso no se justifica por el éxito obtenido, ni se deja por el fracaso o la decepción que llega. El compromiso se justifica en sí mismo. La “paga” del compromiso es saberse consecuente con lo que uno cree y desea, no traicionarse ni corromperse jamás.

La posición opuesta al compromiso es el “pasotismo”, la indiferencia, pasar de todo. Es una actitud de comodidad y de egoísmo. Es una mezcla de desgana y de cinismo de quienes pretenden estar de vuelta de todo sin ni siquiera haber llegado a ninguna parte. El “pasota” se parece al espectador que mira sin interés una película aburrida. Se automargina de la realidad que le rodea y vive su vida. Se ríe de quienes tienen ideales y de los que se buscan “líos” por querer cambiar las cosas. En el fondo, el pasota en un “trepa” que va a lo suyo aunque se hunda el mundo. Y este tipo abunda tanto entre la gente joven como entre los adultos que critican a veces a los jóvenes.
El compromiso es duro y también en ocasiones arriesgado; exige esfuerzos y renunciar a muchas cosas. El compromiso auténtico nos lleva a “ser los primeros en el sacrificio y los últimos en el beneficio”. Tener un compromiso no es hacer cosas a tiempo parcial ni por unas horas, sino que consiste en una forma de ser y de vivir. No se trata de cosas externas y desconectadas de mí, sino que siempre y en cualquier circunstancia lo que hago es algo que me sale de dentro, de mi modo de ser interior. Por eso, el compromiso siempre es fuente de felicidad, es gozoso, aunque nos traiga complicaciones. En este sentido profundo e íntimo, el compromiso no es algo impuesto como una obligación que otros se imponen, sino que es algo que fluye de mis convicciones más hondas.
Un compromiso entendido y sentido de esta manera nos hace vivir convencidos de que las cosas pueden cambiar si empujamos solidariamente. Creemos lo que decimos y vivimos lo que creemos. Sin dar bandazos contradictorios. Vivimos entusiasmados. El entusiasmo rompe el fatalismo resignado de “aquí no se puede hacer nada” y afronta con entereza de ánimo las dificultades, sabiendo que siempre hay una salida. El entusiasmo es fruto de la esperanza, pues sólo quienes tienen esperanza saben comprometerse con ilusión.
Esteban Tabares en la revista “Militante Mundo Rural” |
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Escrito por Francisco Javier Casero
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Lunes 16 de Mayo de 2011 15:10 |
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22 de mayo: ¿elecciones, para qué?
Todos estamos convocados para elegir a nuestros representantes en los municipios y en la mayoría de las comunidades autónomas. Convocatoria que nos llega cuando la imagen de los partidos políticos y los políticos es una fuente inagotable de corrupción, de incumplimiento de las promesas electorales, de afloramiento de lo más bajo y ruin que hay en el proceder humano. Sorprende y angustia que ante las acusaciones de corrupción que se lanzan unos a otros, la respuesta sea «y vosotros más», como si la corrupción ajena justificara la propia. Y debería hacernos reflexionar que, según el barómetro del CIS del pasado febrero, la clase política y los partidos políticos sean el tercer problema para los ciudadanos, precedido sólo por la crisis económica y el paro.
Esta visión no sería completa si no caemos en la cuenta de que en la decisión electoral de los ciudadanos se ha instalado un proceder perverso: los corruptos vuelven a ser elegidos abrumadoramente, como si recibieran un premio por su corrupción.
En este contexto nos llaman a votar y en este contexto nos preguntamos: ¿para qué? Nuestra respuesta es que hay que participar y votar.

Estamos convencidos de que no tenemos conciencia del momento histórico que estamos viviendo. La historia se referirá a él como la era del triunfo del mercado, como el proceso en que todo fue sometido a la racionalidad del mercado. La racionalidad del mercado consiste en dos cosas: una, todo se puede comprar y vender. Dos, todo tiene un solo objetivo: la eficiencia económica. Y se está construyendo siguiendo distintas fases.
En la primera, se ha convencido a los Gobiernos de que era necesario eliminar todo control sobre la actividad económica. El resultado ha sido la mayor crisis económica de la historia; los culpables: el poder financiero y los Gobiernos.
En la segunda, han uniformado el quehacer político de los Gobiernos haciendo desaparecer las diferencias entre los distintos proyectos políticos. El resultado ha sido la entrega al mercado de los sindicatos y de la clase obrera convenientemente atada y amordaza; los recortes sociales, la privatización de servicios básicos y la disminución progresiva del Estado del Bienestar. Los culpables: el poder político, los Gobiernos.
En la tercera, que es en la que estamos, se pretende romper definitivamente la confianza entre los ciudadanos, la política y los políticos; lograr la desafección total entre los ciudadanos y la política. Angustia y acongoja que, según el mismo barómetro y sorprendentemente, la corrupción y el fraude sólo es un problema para el 3%, y la crisis de valores para el 2,5%. Es decir, para nadie.
El resultado es el sometimiento de todo al mercado: economía frente a mercado; política frente a mercado; individuo frente a mercado en aras de una eficiencia económica que, se olvidan de señalar, es sólo para unos pocos; que condena al hambre a miles de millones de seres humanos; que ha destrozado el planeta; que, cada vez más, necesita de conflictos bélicos permanentes para mantenerse, y que precisa destruir todo vestigio moral, ético y religioso que pueda suponer una limitación para la hegemonía del mercado. Todo esto supone una nueva concepción, del mundo y del hombre, profundamente materialista, amoral, economicista, perversa y antihumana. Esta concepción es uno de los principales problemas que tenemos la Iglesia para que el Evangelio sea tenido en cuenta como propuesta de vida plena y definitiva.
La respuesta a la pregunta «¿Elecciones, para qué?» es: para reaccionar como seres humanos, para oponernos a la destrucción de la naturaleza humana; para recuperar el sentido de la honradez, la moral y la ética; para construir un mundo en que los seres humanos podamos ser felices. La política, otra política, es el principal instrumento que tenemos para liberar a la economía, a la política y al hombre de la tiranía del mercado.
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